Escuchamos todo el tiempo. O, al menos, creemos que lo hacemos.En una conversación, mientras el otro habla, muchas veces ya estamos preparando una respuesta, pensando qué consejo darle, buscando una solución o comparando lo que nos cuenta con alguna experiencia propia.Pero escuchar no es solamente oír palabras.Desde el coaching ontológico, la escucha ocupa un lugar central porque entendemos que cada persona interpreta lo que sucede desde su propia historia, sus experiencias, emociones, creencias y manera particular de observar el mundo.Por eso, frente a las mismas palabras, dos personas pueden escuchar cosas completamente diferentes.Escuchar al otro sin querer resolverloHay un texto de Arnaldo Pangrazzi que suelo compartir con mis estudiantes cuando trabajamos la escucha. Comienza con una expresión muy sencilla:“Te pido que me escuches”.Y esa frase encierra algo profundamente humano.¿Cuántas veces alguien necesita ser escuchado y nosotros respondemos con un consejo?¿Cuántas veces intentamos tranquilizarlo diciéndole que no debería sentirse así?¿Cuántas veces, con la mejor intención, queremos solucionar aquello que le está sucediendo?Aconsejar, explicar o buscar una solución puede ser necesario en determinados momentos. El problema aparece cuando hacemos todo eso antes de haber escuchado verdaderamente.¿Qué significa aprender a escuchar?La escucha activa no consiste solamente en permanecer en silencio mientras el otro habla.Escuchar requiere presencia.Implica estar disponible para comprender no solo lo que la persona dice, sino también desde dónde lo dice.¿Qué emoción aparece en su relato?
¿Qué interpretación está haciendo?
¿Qué está diciendo su cuerpo?
¿Qué necesita expresar y todavía no encuentra cómo nombrar?En el coaching ontológico, la escucha nos invita también a reconocer algo fundamental: no escuchamos de manera neutra.Escuchamos desde el observador que somos.Nuestra historia, nuestras experiencias y nuestros juicios participan de aquello que interpretamos.Por eso aprender a escuchar al otro también requiere aprender a observar nuestra propia escucha.La escucha como espacio de transformaciónHay algo que me parece especialmente poderoso de la escucha: no necesitamos tener inmediatamente una respuesta.A veces acompañar significa justamente eso: no apresurarnos a intervenir.Cuando una persona encuentra un espacio en el que puede hablar sin sentirse juzgada, corregida o inmediatamente aconsejada, puede comenzar a escucharse a sí misma de otra manera.Y allí puede aparecer algo nuevo.Una pregunta.
Una emoción que no había podido reconocer.
Una interpretación diferente.
Una posibilidad que antes no podía ver.Por eso, para mí, escuchar no significa resolverle la vida al otro.Escuchar es crear un espacio para que el otro pueda encontrarse con sus propias respuestas.La escucha en el liderazgo y en los equiposEsta competencia no es importante solamente en una conversación de coaching.También es fundamental en las organizaciones.Un líder que desarrolla su capacidad de escucha puede comprender mejor qué está sucediendo en su equipo, detectar preocupaciones que no siempre se expresan abiertamente, generar conversaciones más productivas y construir vínculos basados en la confianza.Muchas dificultades que atribuimos a problemas de comunicación comienzan, en realidad, mucho antes: en nuestra manera de escuchar.Escuchamos para responder.
Escuchamos para defender nuestra posición.
Escuchamos para demostrar que tenemos razón.El desafío es aprender a escuchar también para comprender.Una pregunta para llevarteLa próxima vez que alguien te hable de algo importante, antes de responder, aconsejar o buscar una solución, probá detenerte unos segundos.Y preguntate:¿Estoy escuchando lo que esta persona me está diciendo o estoy escuchando lo que yo creo que me está diciendo?Quizás una de las transformaciones más profundas de nuestras conversaciones comience allí.Mónica Fronti
Coach Ontológica Profesional
Escuela Moviendo Futuro
