Hace poco volví a leer La sociedad paliativa, del filósofo Byung-Chul Han, y algunas de sus ideas volvieron a interpelarme.Han plantea que vivimos atravesados por la algofobia: el temor al dolor, a la fricción, a aquello que incomoda. Una sociedad que busca rápidamente aliviar o evitar el malestar.Mientras lo leía pensé en algo que observo desde hace muchos años acompañando procesos de coaching ontológico y liderazgo:¿Qué hacemos con aquello que nos incomoda?Quizás no todo malestar necesite ser eliminado inmediatamente. A veces, también tiene algo para mostrarnos.El quiebre: cuando nuestras certezas ya no alcanzanHan plantea que encontrarnos con ciertas verdades puede doler porque cuestiona nuestras certezas.Desde el coaching ontológico, inmediatamente lo relaciono con el quiebre: ese momento en que nuestra manera habitual de interpretar y actuar deja de alcanzarnos.Muchas veces queremos salir rápidamente de allí.Pero ¿qué sucedería si, en lugar de tapar la incomodidad, pudiéramos preguntarnos:¿Qué necesito mirar que hasta ahora no estaba pudiendo ver?El quiebre puede convertirse en una puerta hacia el aprendizaje y la transformación.La alteridad: ¿podemos escuchar verdaderamente al otro?Han también habla del “infierno de lo igual”: nuestra tendencia a buscar aquello que confirma nuestra mirada y evitar lo diferente porque nos confronta.¿Cuánto de esto sucede también en las organizaciones?Hablamos de diversidad, escucha y trabajo en equipo. Pero el verdadero desafío aparece cuando alguien piensa diferente.Desde el coaching ontológico hablamos de legitimar al otro como un legítimo otro.Escuchar sin la urgencia de responder.
Sin necesitar tener razón.
Incluso con la posibilidad de que la mirada del otro nos transforme.¿Y qué hacemos con el malestar?Frente a un conflicto, una crisis o la insatisfacción de un equipo, podemos buscar rápidamente una solución que devuelva tranquilidad.O podemos detenernos y preguntar:¿Qué información nos está trayendo este malestar?No se trata de romantizar el dolor ni de permanecer en él. Se trata de no silenciarlo antes de comprender qué puede estar mostrando.A veces hay conversaciones pendientes, interpretaciones que necesitan ser revisadas o formas de relacionarnos que ya no son funcionales.Y allí el malestar puede convertirse en aprendizaje, acción y rediseño de futuro.Acompañar sin anestesiarComo coaches y como líderes, quizás necesitemos hacernos una pregunta incómoda:¿Acompañamos para eliminar rápidamente la incomodidad o acompañamos para que algo pueda transformarse?Y te dejo otras tres:¿Qué conversación estás evitando para no atravesar la fricción?¿Qué incomodidad quizás necesites escuchar en lugar de tapar?¿Qué quiebre necesitás habitar para diseñar un futuro diferente?
